Techo, pan y palabra


Vivir en continuo agradecimiento por haber tenido techo, acogida, amor; por comer tres o cinco veces al día, por la palabra que todos los días recibimos de alguien…Ser agradecidos, dar gracias siempre por tantos dones recibidos, es algo que no hacemos. Solemos agradecer posesiones, más que reconocer dones . La dificultad estriba en que en la vida, empezando por ella misma, casi todo lo damos por supuesto, como “normal y natural”, cuando no lo es para muchísimas personas en el mundo.

¿Cómo dar gracias por el techo cuando muchas, demasiadas, criaturas del Padre viven sin techo? Dar gracias por el pan y la palabra supone el dar gracias por el sustento cotidiano, por el pan material y el pan de la cultura, que tampoco muchos poseen.

Con estos pensamientos y desde su profunda experiencia como educador de menores en situación de riesgo, Toni Catalá, sacerdote jesuita, ha orientado nuestra reflexión de este día organizado para los profesionales y hermanas de nuestros centros y proyectos.

Nos ha animado a traducir el evangelio en la vida cotidiana, partiendo de textos concretos en los que Jesús mira a las personas percibiendo una realidad diferente, llena de compasión. El reconoce la dignidad inviolable de cada una, como creaturas de Dios y desde ahí actúa dejándose conmover, aliviando el sufrimiento, acompañando el dolor, sin juicios ni humillaciones. Nosotros, en nuestra tarea también podemos podemos aliviar, acompañar, hacer que nos duela lo que al otro le sucede, tomándonos radicalmente en serio su situación.

Una buena práctica a la que Toni nos ha invitado es a dar gracias por todas las personas o situaciones que nos han ayudado a crecer en la vida, y también por aquellas a quienes hemos ayudado nosotros.