Rastrillo solidario de Alicante


Potenciando identidad: lavado de cara al Rastrillo Solidario

Llevábamos tiempo buscándolo. Era una necesidad. Al día son decenas, al año miles, las personas que pasan por él. Incontable el número de personas que se han beneficiado del Rastrillo Solidario, que gestionan las Hijas de la Caridad en Alicante a través de la Obra Social Sta. Luisa de Marillac desde el año 2003.

La ropa es un bien básico. Acceder a ella, como a tantas otras cosas esenciales para una persona hoy no es fácil. Facilitar el acceso a la ropa, entendemos, por tanto, que es cubrir una necesidad básica, y ofrecer este servicio en un espacio limpio, ordenado, y atractivo, creemos, dignifica a la persona y el trabajo que hay detrás de un proyecto como éste.

El Rastrillo Solidario es un recurso adscrito al proyecto SURCO (inserción socio-laboral, formación y rehabilitación personal), dentro del cual se desarrolla desde 2002 un taller de reciclaje de ropa. En su día, este taller se convirtió en la primera apuesta que hacía la obra social en Alicante por la formación y la promoción personal de personas en situación o riesgo de exclusión social. Hoy, a través de SURCO, son muchas las alternativas de formación y capacitación profesional, varios los caminos o itinerarios que pueden emprender las personas para reforzar su autoestima, construir su autonomía, y conseguir su inserción socio-laboral: talle de empleo doméstico; certificado de profesionalidad en atención sociosanitaria a personas en domicilio; cursos de informática, de alfabetización de adultos, de castellano para inmigrantes,…; talleres de habilidades sociales y de orientación laboral; y actividades para personas con enfermedad mental.

El Rastrillo fue, en su día, también una de los recursos pioneros en el mundo del reciclaje de ropa, los roperos y tiendas de ropa de segunda mano, que tanto han proliferado en los últimos años.

Fiel a su identidad vicenciana, no hemos querido nunca convertirlo en una tienda al uso, ante el riesgo de que la necesidad de conseguir objetivos (económicos) y rentabilizar el recurso nos hiciese perder el norte, u olvidar nuestro objetivo fundamental: prestar servicio a las personas más desfavorecidas.

Por ello, y siendo la obra social punto de referencia en nuestra ciudad para la captación de ropa, desde que las Hijas de la Caridad tenían el comedor social y entregaban ropa a transeúntes y personas sin recursos a través del ropero, quisimos dar un paso al frente hace ya unos cuantos años.

Se optó por apostar de manera clara y fuerte por la dignidad y la justicia, valores tan intrínsecos al carisma vicenciano y a la acción social de las Hijas de la Caridad. Y lo hicimos de dos formas:

  • Una, apostando, como decíamos, por la formación. Desde 2002, son 28 las promociones (se realizan dos al año, de seis meses de duración) de personas usuarias de los servicios sociales municipales y que, seleccionadas por el Servicio de Acompañamiento en itinerarios de inserción laboral, se traducen en 195 personas que han iniciado y finalizado su proceso de formación y capacitación profesional en el taller de reciclaje de ropa.
  • Dando valor a la prenda. Creímos pedagógico no “dar por dar”, sin más. Es un hecho que captar, seleccionar, lavar, planchar, coser, etiquetar, doblar, empaquetar o colocar la ropa y distribuirla supone tiempo y esfuerzo, y eso tiene un valor. Ese trabajo y esfuerzo que realizan tantos alumnos del taller y tantas personas voluntarias apoyando esta labor, merecía que la ropa no fuese “recogida” o “sustraída” como quien recoge migas del suelo, para acumuladas en un recogedor ser devueltas a la basura. Optamos por que pudiese elegirse, y acceder a ella a través de una pequeña aportación económica, que es mínima, simbólica. Adquirir la ropa tiene un valor, educativo, del cual carece el regalarla. Supone elegir de entre toda la ropa, escoger y llevarme aquello que realmente necesito, siendo así coherentes también con el consumo responsable de los bienes y recursos.

Puesta la atención en dignificar el trabajo, y, sobre todo, a la persona, hemos querido poner un broche: mejorar los espacios donde las personas realizan su labor, formativa, voluntaria, o profesional, donde tantas personas y familias sin recursos acuden a por un bien básico. Ya se habían ido dando pequeños pasos en este sentido, hasta conseguir dar el último empujón, gracias a la voluntad de las Hijas de la Caridad, seña e identidad del proyecto, y a la colaboración del voluntariado AIC, ligado a este proyecto desde sus inicios, teniendo presencia y apoyando la labor de reciclaje de ropa.

La dignidad es intrínseca a la persona, y por ello es de justicia reconocer el valor que tiene en todas las dimensiones de su ser. Las instalaciones también dignifican, igual que el trato, la acogida, la actitud de servicio, cualidades todas ellas potenciadas en el Rastrillo Solidario, animadas y representadas en el testimonio de las Hijas de la Caridad, que desde la comunidad de esta obra social han hecho real con su presencia diaria en el proyecto.

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