En clave de gratuidad, en clave de Adviento (II)


“Gratis lo habéis recibido, dadlo gratis” (Mt 10,8) . El Dios, que gratuitamente y por amor se nos ha manifestado en Jesús, espera de nosotros una respuesta generosa, libre y consciente. Parece que la sociedad actual y cada persona hoy, tiene necesidad profunda de redescubrir el valor de la gratuidad, especialmente porque en nuestro mundo parece triunfar con frecuencia una lógica caracterizada exclusivamente por la búsqueda del lucro y de la ganancia a cualquier precio. Ante la sensación difundida de que toda opción y gesto están dominados por la lógica de la compraventa del mercado y del triunfo de la ley de la mayor ganancia posible, la fe cristiana replantea el ideal de la gratuidad, fundado en la libertad consciente de las personas, animadas por un amor auténtico. Hemos recibido un regalo –desde luego inmerecido, por pura bondad de Dios-, y ese regalo o se comparte o se pierde. La alegría, proclamada en la liturgia de esta tercera semana de Adviento, no puede guardarse para uno mismo: se comparte y multiplica en especial junto a quienes que más lo necesitan: las personas que acompañamos en nuestros centros y proyectos, Si vives la fe como una carga, o simplemente como una noticia más o un adorno personal, no tendrás ganas de compartirlo, pero si hoy te detienes un momento y piensas y sientes desde la gratuidad, descubrirás que es mucho lo que recibes al lado de los últimos, de los pequeños: ellos/as nos recuerdan que Dios viene y está reclamando nuestra entrega diaria, nuestra pasión por construir el Reino, como El, “qué pasó haciendo el bien, curando toda enfermedad y dolencia” (Hch 10,38).

Y es así como también podrás dar: tu tiempo, tus capacidades, tu amor, tu persona. Por eso, para vivir bien este Adviento, ¡vivamos la gratuidad!